El director brasileño vuelve a Chile para liderar dos variados programas de la Orquesta Usach, que abarcan desde sinfonías de Mendelssohn y Mozart hasta un estreno de música chilena. El primero de los conciertos se realizará este miércoles 29 de abril (19:30 horas), en el Teatro Aula Magna Usach, y las entradas son gratuitas.

Tobias Volkmann en la Usach, en el año 2024. Foto: Gary Go.

El pasaporte de Tobias Volkmann (1977), director brasileño de origen alemán, tiene timbres en múltiples idiomas. A lo largo de su carrera ha dirigido a más de 30 orquestas de Sudamérica, Estados Unidos y Europa y actualmente es titular de la Sinfónica de la Universidad Nacional de Cuyo (Mendoza, Argentina), además de trabajar con la Rio Villarmônica, de la cual fue uno de sus fundadores en Río de Janeiro. 

Con seguridad, un timbre que se repite con frecuencia en esas páginas es el de Chile. Durante la última década y media, Volkmann ha forjado un vínculo con las orquestas locales que, tan solo en el último año, le permitió ponerse al frente de la Orquesta de Cámara de Chile y la Sinfónica Nacional, en la última versión de las Semanas Musicales de Frutillar. Sin embargo, la sala que el director nacido en Porto Alegre mejor conoce es el Teatro Aula Magna, el tradicional escenario de la Orquesta Usach. Ahí ha dirigido tres programas (2017, 2022 y 2024), a los que se sumarán dos más durante las próximas semanas. 

El primero es este miércoles 29 de abril (19:30 horas, boletos gratuitos en Portaltickets) e incluye la Obertura en do mayor de Fanny Mendelssohn y la Sinfonía nº 3 en la menor, Op. 56, “Escocesa” de Felix Mendelssohn, además del Concierto para clarinete de Carl Maria von Weber, que tendrá a Pablo Valdés como solista. El segundo está programado para el miércoles 13 de mayo (19:30 horas, también disponible en Portaltickets) y destaca por su diversidad, con la Abertura concertante del compositor brasileño Camargo Guarnieri y la Sinfonía Nº 31 en re mayor de Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791), conocida como “París”. Entre ambas piezas se producirá el estreno del Concierto para guitarra del compositor chileno Mario Mora, que tendrá a Luis Orlandini como solista.

En esta entrevista, Tobias Volkmann entrega detalles sobre ambos conciertos y habla sobre su relación con la Orquesta Usach, donde encuentra un espacio para desplegar su estilo de conducción: “Me gusta cuando la orquesta se mira mientras estamos haciendo música, no que estén con los ojos fijos en mi dirección”, declara. 

 

 

¿Cómo se estructura el programa del primer concierto?

Lo armé a partir de Carl Maria von Weber, un compositor romántico, cuya música es muy del norte alemán, un idioma que yo domino por uno de mis orígenes, ¿no? Volkmann… je. A partir del sonido de Leipzig y del norte de Alemania, llegué a Mendelssohn. La sinfonía que más tiene ese sonido es la “Escocesa”, que tiene esa densidad y comparte su inspiración escocesa con la obertura Las Hébridas. Tienen esa sonoridad oscura de una tierra que es casi siempre gris en su clima y de una naturaleza hermosa que impresionó mucho a Mendelssohn. Luego pensé en cómo abrir el programa. Lo natural hubiera sido con Las Hébridas, pero hay una obertura hermosa de Fanny Mendelssohn, la única obra puramente orquestal que quedó de ella, que incluso por tonalidades se relaciona bien con la sinfonía, entonces así no es un programa monocromático. 

La obertura de Fanny tiene muy claro el virtuosismo de la cuerda, de los violines. Ambos escribían muy bien y de manera exigente para las cuerdas. Hay algo idiomático ahí, porque eran muy amigos, tenían mucha correspondencia y discutían sobre música. Ella le hacía críticas y él muchas veces las tomaba en sus obras. Sin embargo, la obertura de ella es más brillante. Tiene pequeños elementos casi de ópera y un idioma un poco anterior, rossiniano, beethoveniano, haydniano. 

Weber alcanzó a ser contemporáneo de Fabby y Felix Mendelssohn. ¿Cómo se relacionan musicalmente?

Weber no es un sinfonista, es más conocido como compositor de óperas y conciertos. Su música es más dramática y tiene un poco de Sturm und Drang. Después de Beethoven, se dice que había un ambiente en que nadie se animaba a escribir una sinfonía. No quedó mucha cosa en el repertorio, pero sí había un ambiente muy diverso y la ópera era muy fuerte en Alemania. Tanto, que hoy tenemos docenas de teatros de ópera en el país. Weber representaba esta vertiente que va hacia Wagner. O sea, una música programática, operística, con un contenido externo a la música misma, al idioma. Aunque Mendelssohn escribió música programática, él va hacia la otra vertiente de este periodo: la música más absoluta, que en Brahms tiene su cumbre. Schumann y Mendelssohn, por lo menos en el sinfonismo, llevan esta otra vertiente que viene de Beethoven. 

 

Fanny y Felix: los hermanos Mendelssohn protagonizan el próximo concierto de la Orquesta Usach

 

El segundo programa comienza con la Abertura concertante del compositor brasileño Camargo Guarnieri. ¿Cómo lo presentarías al público chileno?

Camargo Guarnieri es un compositor que me encanta, desde que estudiaba dirección y es muy interpretado. En Estados Unidos era amigo de Aaron Copland y fue grabado y tocado por Leonard Bernstein. Tiene una música modernista, orientada hacia el nacionalismo, pero menos que Heitor Villa-Lobos y Francisco Mignone, que sería el triunvirato del modernismo nacionalista brasileño. Él es de São Paulo y tiene una música más “paulista”. Mientras Villa-Lobos rompía con todas las reglas, era disruptivo y original, Camargo Guarnieri era más urbano y estructurado. Su música es más angulosa, con ritmos muy fuertes y mucha potencia. Es más parecido a un Dmitri Shostakóvich o a los modernos del este europeo, como Witold Lutoslawski en su versión de folclore modernista nacionalista. Escribió muchísima música, grandes sinfonías, y dominaba la técnica de composición. Hubo en Brasil un momento en que algunos vanguardistas buscaron la línea de Arnold Schoenberg, negando y combatiendo el nacionalismo basado en el folclore o en el material de la cultura popular, y Guarnieri combatió ese movimiento, incluso en una carta pública. Su obra va en otra dirección. 

Además, propuse esta obra porque trabajé dos años con la Sinfónica de la Universidad de São Paulo, la orquesta que él fundó y dirigió por muchos años. Ahí yo pude dirigir mucho de su repertorio. Esta Abertura concertante fue escrita para la sonoridad de esa orquesta, que es la misma de la Usach. Es una formación muy específica y ya tengo una intimidad con los músicos y sus cualidades, entonces consideré que es una obra perfecta para la Orquesta Usach. Como tendremos también un estreno de música chilena, será una primera mitad muy sudamericana. Rítmica, moderna y contemporánea. 

Y una segunda mitad clásica con Mozart… 

Ahí fui en la otra dirección. A mí me encanta hacer estrenos, pero quiero que la gente vuelva y no creo en programas completos de música nueva para formar públicos. Me encanta poner la música en perspectiva y Mozart viene justo para contrastar totalmente.

¿Por qué esta sinfonía en particular?

Porque a pesar de ser una de las grandes sinfonías, no es tan tocada. Es fuerte y tiene carácter. Podría haber sido otra sinfonía de Mozart, pero la “París” tiene esa energía y, además, es una obra que todavía no he dirigido.

 

Con estas dos visitas vas a sumar cinco programas dirigidos en la Usach. ¿Qué te interesa de trabajar con esta orquesta?

Hay una cosa muy específica, que es un ambiente muy positivo de trabajo. Desde el primer día, desde el primer programa, me siento cómodo, conforme con los resultados y con el involucramiento de los músicos. Son muy copados, como dicen los argentinos. No es un ambiente de presión, porque sabemos que las orquestas pueden ser así, pero acá hay ganas de hacer música. Puede haber dificultades técnicas, limitaciones tenemos todos, pero las ganas de hacer música siempre están. Eso es muy lindo y también lo he experimentado como público. Es una orquesta que me gusta, dirigirla y escucharla. Me gusta estar en un ambiente donde no necesito administrar demasiado la sanidad mental de la colectividad.

Así puedes dedicarte mejor a la música…

Exactamente, pero en un ambiente de responsabilidades compartidas. A mí no me gusta demasiado la conducción vertical. No soy vertical en la gestión de una orquesta y en la conexión musical. Prefiero la interacción con la orquesta, el dar y recibir. 

¿Quieres que ese sea el carácter de tu dirección? La figura más tradicional del director sí era muy vertical…

Sí, más antigua. A mí me gustan más las relaciones transversales. O sea, me gusta cuando la orquesta se mira mientras estamos haciendo música, no que estén con los ojos fijos en mi dirección. Obviamente la dirección es muy importante, pero espero que sea un tejido de vínculos musicales.

¿Por un aspecto humano o porque eso tiene una consecuencia en la música?

Por ambas cosas. Me gusta porque es un hacer colectivo, por el aspecto humano y porque la música resulta más viva y menos controlada. También es por eso que siempre hago repertorios nuevos. Cuando repito algo, está bien que suene distinto con cada orquesta.

Por ejemplo: yo tuve master classes con Kurt Masur, el gran director de la Gewandhaus de Leipzig, la misma orquesta que estrenó la “Escocesa” de Mendelssohn. Su versión con ellos es fantástica y Masur era muy vertical, uno de los grandes directores de esa tradición. Yo podría llegar a la Usach y decir que conozco esto porque estudié con él, dirigí la orquesta de la radio en Leipzig y este sonido está en mi cabeza. Es decir, podría decir que esto se hace así, como un oráculo de la tradición, y en un momento de los ensayos sentí que la orquesta estaba buscando esta referencia de sonoridad. Yo les dije: no, no forcemos la sonoridad. No tenemos que intentar sonar como la orquesta de la Gewandhaus o la Filarmónica de Berlín o la Staatskapelle de Dresde. Somos la Orquesta Usach, con este sonido lindo de las maderas, con esta sala. Esta obra es perfecta para esta orquesta, pero con nuestro sonido. Y todo cambió. De repente estaba ahí ese sonido lindo que tiene la Usach, sin querer ser algo que no es.

Eso implica un trabajo para ti como director, porque debes conocer a una orquesta a la que vas como invitado.

Es que a esta orquesta la conozco bastante y ya me animo a decir eso. No sabes lo lindo que sonó la orquesta, realmente. Entonces hay otras orquestas que tienen otra identidad, otra personalidad. Claro, también hay mucho de lo que yo propongo, pero es un intercambio constante. 

Rodrigo Alarcón López – 29/04/2026