El compositor chileno escribió una banda sonora para la desconocida versión hispana del clásico del cine de terror, que será interpretada en vivo en la V Muestra de Cine Fantástico Usach. La única función se realizará este miércoles 6 de mayo (19:00 horas) en el Teatro Aula Magna Usach e incluirá una charla del crítico Daniel Olave.

Tomás Brantmayer. Foto: Jorge Brantmayer.

Tomás Brantmayer (Santiago, 1992) es uno de los compositores chilenos más interpretados en la actualidad. Desde mediados de la década pasada, sus obras han sido interpretadas en las principales salas del país. No solo de Santiago, sino que también en ciudades como Concepción y Valdivia, por ejemplo.

Uno de los teatros que ha recibido su música en diversas ocasiones es el Teatro Aula Magna Usach. El estreno de El país de sed (2018), una obra inspirada por Ludwig van Beethoven y textos del poeta Raúl Zurita, fue el inicio de un vínculo que hoy abarca a diferentes elencos de la Usach, así como al sello Aula Records, que ya ha publicado dos discos en los que participó Brantmayer. 

Un nuevo capítulo de esa historia se escribirá este miércoles 6 de mayo (19:00 horas, entradas gratis en Portaltickets), otra vez en el Teatro Aula Magna. En el marco de la V Muestra de Cine Fantástico Usach, en la sala se exhibirá la particular versión en castellano de Drácula (1931) dirigida por George Melford, que será musicalizada en vivo con una banda sonora escrita especialmente por Tomás Brantmayer para esta ocasión. 

Una charla del guionista y crítico Daniel Olave abrirá la función, donde la música será interpretada por un ensamble de cámara conformado mayoritariamente por integrantes de la Orquesta Usach y el grupo Syntagma Musicum Usach, bajo la dirección de Cristóbal González. Además, la banda sonora será editada en un nuevo disco de Aula Records, disponible desde el mismo 6 de mayo en formato digital. 

En el programa Atlas Musical de Chile, emitido por Radio Usach, Tomás Brantmayer habló sobre el estreno de su banda sonora para Drácula y del vínculo que ha establecido con la Usach. A continuación, presentamos fragmentos editados de esta conversación.

 

V Muestra de Cine Fantástico Usach culmina con el estreno de bandas sonoras de Tomás Brantmayer y Mario Oyanadel

 

“No tengo realmente un vínculo con el cine de terror. En general, no veo cine de terror y lo evito a toda costa. No porque crea que sea un mal tipo de cine, sino porque de alguna manera me afecta mucho verlo. Sí tengo una relación fluida con el cine. Veo mucho y, sobre todo en mi adolescencia, consumí muchas películas. También fue donde aparecieron mis primeros intereses por una música que fuese puramente instrumental. Mi primera aproximación a la música venía del mundo de las canciones, de la música folclórica y del rock, pero en el cine conocí también una música que podía ser puro sonido”.

¿Cómo describes el ejercicio compositivo que hiciste para Drácula?

Al personaje de Drácula y al universo fantástico que rodea a ese tipo de personaje sí me siento muy cercano, si se quiere. Toda esta dimensión gótica y oscura tiene mucho que ver con mi historia de vida, así como la de muchos adolescentes en Chile, ¿no? La música que venía de esos espacios sí tuvo una influencia muy grande en mi forma de componer. 

Para mí, este ejercicio de hacer música para la película fue muy raro porque fue muy distinto. Yo nunca había trabajado haciendo música para audiovisuales. Esta instancia donde la música ya no es totalmente autónoma, sino que está en diálogo con una imagen, fue extraña pero también muy bonita. El ejercicio de la composición es muy solitario y hacer música para una película implica volverse un colaborador del director y los actores de la película, incluso en este caso. 

Compusiste para un cuarteto de cuerdas, al que se suman clavecín, órgano, campanas y timbales. ¿Cómo elegiste esta formación?

Es una instrumentación muy virtuosa, a mi parecer. Son instrumentos con los que siento afinidad, para los cuales he escrito en varias ocasiones, y creo que representan muy bien el universo de Drácula. El órgano, particularmente, es un instrumento que puede llegar hasta a dar miedo, ¿no? 

Quise asegurarme de que el aspecto tímbrico remitiera a Drácula inevitablemente, para tener cierta libertad al momento de componer. Una experiencia importante para este proceso fue una ocasión en que fui a ver Nosferatu, musicalizada en vivo con órgano, en una improvisación. Fue cuando vivía en Londres y fue una experiencia reveladora sobre lo que tenía que hacer: una música emparentada con la estética del Hollywood clásico, pero expresada de una manera no necesariamente tan doctrinaria, digamos. 

 

Eres un compositor ya vinculado hace varios años con la Usach y el sello Aula Records. Uno de sus primeros discos fue El país de sed

Sí, es una obra que tuvo muchas muchas interpretaciones en un mismo año, lo cual también es muy poco probable para uno como compositor. Fue una experiencia muy bonita, mi primera colaboración con la Orquesta Usach, entonces la atesoro como el inicio de un proceso de colaboración que ya suma muchos años.

En tu trayectoria ya has trabajado con muchas orquestas. ¿Qué particularidad ves en la Orquesta Usach?

Creo que la Orquesta Usach es muy permeable y receptiva, sobre todo ante nuevas propuestas e ideas, provenientes tanto de la música clásica contemporánea como de la música popular. Eso es algo muy escaso en Chile, en realidad. Me parece que hay un proyecto editorial del Departamento de Extensión del cual los músicos participan, que tiene que ver justamente con explorar espacios que a veces son poco usuales para la música clásica, ante los cuales muchas veces los músicos oponen resistencia, pero este no es el caso. Eso es algo muy bonito de trabajar con esta orquesta. 

En el año 2024 también se estrenó La Muerte Roja, una obra basada en el cuento de Edgar Allan Poe, que fue interpretada por la Orquesta Usach, el Coro Sinfónico Usach y la mezzosoprano María José Uribarri y también será publicada este año por Aula Records. ¿Qué recuerdo tienes de esa composición?

Este cuento de Edgar Allan Poe tiene un aspecto político muy fuerte, en cuanto habla de un grupo de aristócratas que se protegen de la peste al interior de un castillo, mientras contemplan la putrefacción del mundo a su alrededor. Eso era muy contingente respecto a lo que estaba pasando en ese momento. Yo considero que es una obra muy de sensaciones, de colores aterciopelados, de distintos tonos de rojo también, si se quiere. Burdeo, rojo sangre…

¿Cómo alude la obra a esos colores?

Es difícil de definir. Usualmente, en la música hablamos de colores tomando prestadas estas palabras desde la visualidad, para tratar de definir algo que no tiene mucha definición. En realidad no es un término tan técnico, sino más bien sensible. Quizás, un color burdeo yo lo asociaría con sonidos de instrumentos de madera, con frecuencias bajas, pero es bien difícil de definir. 

Ahora, algo interesante es que La Muerte Roja fue la obra principal del programa en el que se estrenó. También se tocó un concierto de guitarra de Gabriel Matthey y una pieza muy breve de Maurice Ravel, la Pavana para una infanta difunta. Yo no estuve ahí porque estaba en Londres, pero vi los registros, las fotos y videos, y fue lindo porque había mucho público, una audiencia grande y entusiasta para un programa que podría haber sido muy poco popular, con obras de compositores chilenos desconocidos para la mayoría de la audiencia. Para mí, eso fue un triunfo muy grande de la orquesta y de la comunidad de la Usach, en general.

 

Rodrigo Alarcón L. / Daniela Valdés – 04/05/2026